Parte de guerra Desde la trinchera Nacional

Los proyectiles de decretos no hacen ruido metálico,

sino que suenan a pechos abiertos,
a niños y ancianos sangrando por falta de medicamentos,
a fábricas que se cierran,
 a vidas que se apagan en silencio.

Caen bombas disfrazadas de remates,
sobre los bienes del estado,
y en el humo, se asoman los rostros felices
de los amigos del régimen, brindando en los escombros

Las fuerzas federales avanzan:
sus garras sobre los cuerpos, sus gases sobre las almas, que resisten los escudos del poder.

Sangra el futuro.
Sangra en los pasillos de las universidades,
en los hospitales desbordados,
en la ciencia acallada, en la tiza rota de la educación.

Se incendian los salarios
como campos de trigo arrasados,
mientras suben los precios
como si fueran los únicos que aún saben volar.

Las corporaciones toman posiciones de combate,
acribillan la política,
y ejecutan con precisión quirúrgica
el plan de nacionalicidio.

Las armas apuntan ahora al corazón del pueblo:
no buscan someternos,
quieren borrarnos del mapa constitucional,
borrar nuestras huellas de Patria.

Dinamitan las fronteras,
y los nuevos colonos avanzan,
sin bandera ni idioma,
pero con hambre de recursos y tierras ajenas.

En el aire,
se escucha el gemido de los camaradas heridos,
y lejano, agónico,
el relincho del caballo del General San Martín.

Ese sonido,
crudo y sagrado,
pega en el centro del pecho de los patriotas
que, aún de pie, están dispuestos a morir
para que no nos maten la Nación.

"Trinchera 17/7 – M.P."

Mabel Pappano Abraham

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